Salud holística

PARA TU RITMO INTERIOR

 

Hoy en día vivimos en continuo estrés, con prisas para todo, donde lo único que parece importante es hacer, hacer y hacer. Cuantas más cosas hagamos nos parece que mejor estamos aprovechando la vida, incluso sentimos que nos faltan horas en el día para poder hacer aún más. Hacer, hacer y hacer…

¿Y el sentir?

Somos como máquinas programadas para hacer y trabajar. Incluso cuando tenemos tiempo libre parece que tenemos que llenarlo de actividades. Pero, ¿dónde dejamos espacio para parar y sentir?, ¿cuándo realmente te sientes a ti mismo?

Vivimos siempre de cara al exterior y olvidamos el universo maravilloso que existe en nuestro interior, olvidamos que somos seres sensibles, sensitivos…

Todas estas prisas de la vida cotidiana dañan nuestra energía de la madera, nos vuelve impacientes y rabiosos (las colas en bancos, supermercados, los atascos de tráfico…), queremos todo ahora y ya, y nos cabreamos o sentimos frustrados si no es así. Prisas, rabia, frustración, impaciencia… si añadimos a esto el abuso en la alimentación de grasas, azúcar, alcohol…, nuestra energía de madera se resiente se desequilibra y sufrimos de alergias, dolores de cabeza…

Es importante, muy, muy importante el saber parar, el no hacer, el permitirnos dedicarle tiempo al aburrimiento, eso nos ayuda a sentirnos, a estar con nosotros mismos de verdad, a retomar fuerzas, a recargarnos de energía y poder desarrollar mejor nuestros proyectos, ideas…, ese descanso que tanto necesita la mente y el cuerpo. Buscar momentos para aburrirnos nos puede parecer raro pero es muy beneficioso. Salir al campo sin metas, simplemente a contemplar la naturaleza y contagiarnos de su quietud, de su amplitud, nos ayuda a calmarnos, a expandirnos.

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Si vamos acompañados de otra persona podemos cogerla de la mano, cerrar los ojos para que ella nos guíe y lentamente ir caminando y sintiendo como nuestros pies se posan en el suelo, qué texturas sentimos bajo ellos, puede que sea hierba fresca…o seca…, a ratos tierra…, piedra…, si prestamos atención a las plantas de nuestros pies percibiremos todas esas texturas distintas. Podemos observar qué nos resulta más relajante pisar, qué sensaciones tenemos… de miedo, inseguridad o libertad al sentir que caminamos con los ojos cerrados…

También trataremos de sentir los aromas que hay en el ambiente…, si hay brisa o el calor del sol… qué sonidos llegan a nosotros… caminamos muy despacio, tratando de activar todos nuestros sentidos, expandirnos y conectarnos con nosotros mismos, con nuestras sensaciones y con las emociones que se puedan generar.

Si vamos solos podemos hacer el mismo ejercicio de meditación yendo muy despacito y en zonas sin peligro, como un camino recto y más o menos uniforme, haciéndolo por tramos pequeños.  Abrimos los ojos vemos qué recorrido podemos hacer cortito y seguro y lo recorremos con los ojos cerrados, volvemos a abrirlos y vemos como es el siguiente tramo y cerramos de nuevo…, nos paramos…, nos sentimos…

Es una meditación que te sorprenderá, sobre todo si permites que alguien te guíe, ya que al cerrar los ojos todos los demás sentidos se agudizan y las sensaciones y emociones que puedan surgir te pueden sorprender.

Podéis dejarme cualquier duda o comentario, responderé encantada. Ah! y podéis seguirme también en Twitter:https://twitter.com/Vegana_Mente

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